¿Casualidad O Destino?

La eterna incógnita, la duda que nunca podrá salir de mi cabeza.
¿A caso nos forjamos nuestro destino? ¿O tal vez todo está premeditado, escrito en nuestra historia y, hagamos lo que hagamos, no somos dueños de nuestros actos?
¿Podría ser el destino tan caprichoso como para hacernos creer que tomamos caminos que en realidad él marca?
Puede que haya escrito un fin, y que los medios sí lo decidamos nosotros…
O más simple aún… que no seamos tan importantes como para eso, como para que alguien ”superior” se moleste en hacer planes para nosotros. Que simplemente vivamos cada uno nuestra vida y que no tenga un fin determinado, y que el principio de la misma no sea más que fruto de la casualidad…
Ohhh, la casualidad… coincidencias crueles que no hacen más que dar esperanzas, esperanzas en que exista un destino, el destino que nos gustaría tener y con el fin que anhelamos y que luego resulta que no es así; pero, cuando nos damos cuenta, volvemos a engañarnos diciendo: “ah, es que en realidad ese no era mi destino. Mi destino era que me llevara el desengaño para luego tropezarme con lo que verdaderamente estaba designado para mi…”
… y bien, ¿qué hacer cuando una mente ha barajado todas estas posibilidades? ¿Con cuál de ellas quedarse?
Todo esto no vale para nada, solamente para añadir un problema más a una existencia que es tan absurda como todas estas teorías.
Alguien dijo algo así como: “al final todo está bien. Si no está bien, es que no es el final…”
Pero, ¿y si resulta que es todo lo contrario? ¿Que en nuestro camino SIEMPRE han de haber dificultades para forjar nuestra alma?
Si hay “alguien” que puso en movimiento todo esto, esta vida, ¿con qué propósito lo haría? ¿Será una mera diversión para ese ser? ¿Quizá disfruta con el dolor y el sufrimiento de seres “inferiores”, meras marionetas en sus manos, o mejor aún, con propios pensamientos para que así haya más intriga, más emoción?
Puede que todo esto sea como es, ni destino, ni casualidad, ni ser “superior”, simplemente ha surgido por milenios de evolución de un vestigio de vida de antaño, la cual no tiene razón de ser ni objetivo a cumplir…
Y sabiendo eso ¿qué es lo que queda? NADA, solamente la opción de seguir o parar (cosa que sucederá por “voluntad” propia o inevitablemente con el paso de los años).
Si se elige la primera, hay que atenerse a las consecuencias y simplemente, esperar la segunda, porque si hay algo seguro en todo esto, eso es la segunda opción… el cese de todo, el cese de nada al fin y al cabo…

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María.
Septiembre 2003.

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