Júpiter 

Amaneció igual que el día anterior y a la misma hora despertador, calentador de agua, cafetera y tostadora comenzaron a funcionar sincronizadamente. Júpiter lo había programado así pero ya no recordaba cuando, pero tenía claro que la temperatura del agua era la ideal para empezar la jornada con una ducha rápida,  el café tenía la proporción adecuada para que su sabor fuese de su gusto y las tostadas calientes y en su punto para ser utilizadas con la mermelada favorita,  dispensada por ese maravilloso aparato eléctrico que desde hacía tanto tiempo evitaba el engorroso untado manual.

Júpiter fue al trabajo en su pequeño y utilitario coche eléctrico. El cual era una gran computadora dentro de un pequeño vehículo regalado por la Oficina, desde dónde contemplar la ciudad mientras el coche automáticamente se conducía por el ordenado tráfico. También tenía las opciones de escuchar música, ver la TV, leer o usar los videojuegos. Todo lo tenía que hacer antes de llegar al destino, pues una vez el automóvil se situaba en su zona de aparcamiento de la Oficina, los dispositivos se apagaban hasta la hora de vuelta a casa, guardando eso sí la información previa musical, televisiva, lectora o del videojuego. Permitiendo a Júpiter seguir con lo que estaba haciendo durante el trayecto de regreso a casa. Una vez en el aparcamiento de su prefabricado alojamiento el coche volvía a su estado de reposo.

Júpiter se encontró la casa limpia gracias a los robots que durante su ausencia habían absorbido el polvo y eliminado las manchas. Hacía rato que la calefacción caldeaba el hogar y la merienda estaba lista como cada día, para cuando la puerta se abrió justo al situarse frente a ella. Le esperaba una tarde tranquila y una noche relajada como siempre.

Estaba viendo su programa favorito de deportes en la TV, mientras llegaba la hora en que la masajista elegida a través del computador apareciera para conseguir relajarle, y dormir plácidamente hasta que sonara el despertador al día siguiente. Cuando sintió de repente una sensación extraña. Nunca antes había sentido aquello o quizás sí, pero no recordaba cuando. Intentó concentrar su atención en el programa deportivo, pero no lo conseguía. Decidió prestar atención a esa extraña sensación y adivinar que rara situación se la provocaba. Pasados unos minutos sus ojos perplejos se fijaron en el vaso con el refresco que sostenía su mano. Lo dejó sobre la mesa. Era la primera vez que lo encontraba caliente. Un refresco caliente no tenía sentido. La casa estaba caldeada y la temperatura era la ideal pero faltaba que la bebida estuviera fría. Recordó que hacía muchos años se usaban trocitos de hielo, para mantener fríos los líquidos durante el tiempo que tardabas en consumirlos, pero en la Era de la información informatizada no era necesario, pues los líquidos se mantenían fríos si servían para refrescar y él en la merienda tenía seleccionada la bebida refresco. No tenía sentido que la dispensadora hubiese llenado el vaso con líquido no frío. No había aviso de avería, en el ordenador central, y si lo hubiera habido no habría dispensado la bebida. ¿Quizá llevara demasiado tiempo merendando? La hora era la de siempre. Todo funciona correctamente. ¿Por qué este sin sentido?. Se preguntaba Júpiter.

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