La ley del silencio

Es una novela con muchas sendas que recorrer. Pero voy a tomar el camino de mis últimas entradas, que relacionan la literatura negra con el cine “noir”. Budd Schulberg escribe en la introducción que busca una mirada de gran angular, un mayor desarrollo de lo que fue un guión que mereció el Oscar de la Academia de Hollywood. La película es famosa: La ley del silencio del director Elia Kazan, 1954, con siete Oscar más, entre ellos a Mejor Película y Mejor Director.

La narración es a través de un narrador omnisciente, que nos presenta a un protagonista que no parece serlo. El escenario, un puerto de New York se lleva toda la atención del lector, sus dársenas, barcos, estivadores, bares, locales como el del Sindicato de trabajadores, etc…y sobre todo los ruidos y los olores. Pero entre todos los personajes que van apareciendo surge una relación de amor y odio entre dos que acabará en crimen, siendo el “supuesto” protagonista el que tiende la trampa o engaño al asesinado. La novela tiene una inevitable influencia del cine negro. Pero el cine noir en Estados Unidos ha decaído, se ha pasado la moda y no interesa. El guionista que es hijo del dueño de la productora de cine Paramount, sabe perfectamente lo que hace. Conoce la industria del cine. Él quiere junto con el director narrar la historia de un hombre enfrentado a la mafia. La literatura de gànster y el cine llevan años desarrollándose sin ser “noir”. Pero algunas optaron por adoptar el estilo del cine negro, como El Enemigo Público de 1931. Por lo tanto volvemos a tener una temática más que añadir al género negro, la literatura de bandas y organizaciones criminales. Donde el engaño en forma de traición, de robo; la relación de amor y odio entre clanes y dentro del mismo clan y el crimen son la esencia encajando con el género negro.

En la novela que nos ocupa, se dan todas las condiciones, añadiendo el fatalismo pesimista. Pero no es una novela negra, aunque la podamos situar el la estantería con dicha etiqueta. El autor, enfrenta al protagonista Terry con la mafia Irlandesa e italiana que controlaban el puerto. Pero lo hace a través de un cura y de una buena chica. Los tres son irlandeses y la religión católica vendrá a plantear el dilema moral entre el bien, delatar a los criminales y el mal: callar y ser cómplices a ojos de Dios. La historia se separa del crimen y se centra en las reflexiones y diálogos entre los personajes. Pero la fatalidad y la maldad se respirarán en todas las páginas.
Es un libro difícil de recomendar, cuando existe una película previa de éxito, que se tarda menos tiempo en ver. Los finales de ambos son diferentes. La película se aleja aún más del género negro. Así que si tienen tiempo e interés en la literatura de gàngster, es entretenido. Los hechos no son reales pero el autor se documentó. Cuando se cansen del toque moralino del final pueden ver la película Gangs of New York de Martin Scorsese, que es pura acción.

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