Reseña de “El cuento de la criada” de Margaret Atwood

6386694

Hay veces en que un autor no termina de hallar la forma apropiada de cerrar un libro, y esta es una de ellas. Para mi gusto sobraría ese epílogo en el que trata de explicarnos alguno de los flecos que se encuentran a lo largo del relato. Pero no me ha parecido la forma adecuada de hacerlo y, ni siquiera, lo explica todo. El resto de la narración es inquietante, incluso agobiante salvando ciertos detalles que no terminan de encajar en esa sociedad o, incluso, son contradictorios. Si no tratamos de desentrañar el funcionamiento de dicha sociedad, el relato nos envuelve y nos mete en la historia de tal manera que nos sentimos tan agobiados o desesperanzados como la protagonista. Durante su lectura nos asaltan reflexiones de si sería posible que algo así sucediese en la actualidad o en un futuro cercano. Tal vez en una zona aislada como la que la autora trata de mostrarnos, con ese muro que contribuye a la opresión y a la sensación de agobio del relato. Lo más difícil de asimilar es que, en esta época en la que la tecnología nos envuelve, pudiese llegar a desaparecer casi por completo. Y más cuando es la propia dependencia de la tecnología la que facilita el triunfo de esta sociedad, cortando las posibles vías de escape. Nuestra dependencia, por ejemplo, de las tarjetas de crédito en detrimento del papel moneda.

El relato va como a oleadas. Nos presenta una situación y, a través de flashback, nos explica poco a poco algunos detalles de cómo se ha llegado a esa situación y de cómo era la vida de la protagonista antes de convertirse en Defred. No hace falta que nos explique ese cambio de nombre en cuanto nos damos cuenta a lo que ha quedado reducida ella y otras mujeres que están en su misma situación. El irnos dando información como si fueran las aguas que nos trae el mar, acercándose y retirándose, contribuye a esa indefensión y a esa falta de información que vamos dejando atrás con cada oleada de recuerdos.

La historia es muy dura y la forma en que utiliza la primera persona contribuye a esa opresión de la que hablamos. Sentimos que no hay esperanza ni salida, aunque la protagonista vaya ganando “privilegios”. Pero la forma en la que los consigue, sin intentar luchar por ellos, todavía nos sumerge más en la visión fatalista y el destino sin esperanza.

En general, es una estupenda narración que consigue lo que se propone, oprimirnos para hacernos sentir lo que siente la protagonista. Aunque, como he dicho, mi opinión sobre ella decayó bastante al leer el epílogo que creo que desmerece al resto de la novela.

Diez relatos de crimen y misterio


Un recopilatorio ideal para el verano, de diez historias cortas y entretenidas sobre asesinatos misteriosos que deben explicarse, si tienen explicación. Pero para éstos diez maestros escritores de la intriga y el misterio todo tiene explicación. Otra cosa es que la queramos o no creer. Podemos hablar de relatos clásicos, no sólo por su antigüedad, sino por su fama. Escogidos por su brevedad y su calidad, y como dice el dicho: lo bueno si breve dos veces bueno.

En estos relatos aparecen esqueletos, robos, venganzas, envidias, sangre y por supuesto muerte. Y sólo los mejores son capaces de aclarar el misterio, Sherlock Holmes, el Padre Brown, veteranos inspectores, hombres de ciencia y de indudable inteligencia que ayudan a poner los puntos sobre las íes. También algún relato sirve para demostrar que la inteligencia no está sólo entre los que luchan contra el crimen. 

Recomendable a quienes se inicien en el relato policíaco o de resolver crímenes. Y a todos aquellos que gusten del misterio. La verdad suele estar más allá de la simple apariencia de lo creemos que es la verdad.

La agonía del cristianismo

Pequeño libro de apenas 100 páginas que el autor Miguel de Unamuno dedica a reflexionar sobre el cristianismo. En el momento de escribirlo se encontraba exiliado en Francia, y como él mismo reconoce echando de menos su España natal. Escribe por tanto desde una situación de añoranza y en un período de estudio de la religión. 

Es Unamuno un pensador de su época y para su época. Escribe sabiendo que no le leerán en el lejano Oriente, sino más bien los seguidores o detractores de su país de procedencia: una España convulsa y dividida. Considerado un gran polemista, seguidor de llegar a la verdad a través de la discusión y el debate, al estilo Sócrates, pero profundamente convencido de llevar la razón y ser suya la verdad. En este libro analiza “la agonía” del cristianismo. Y todo él se centra en definir y remarcar el significado de dicha agonía. Para Unamuno es lucha, es vivir en la contradicción, en la discusión constante consigo mismo y con la sociedad. Unamuno es el gran defensor del individuo, que está por encima de toda ideología y nación. Por ello empezará defendiendo al cristiano solitario y místico por encima de cualquier orden monacal o religiosa. El libro durante nueve cortos capítulos va defendiendo su postura, anticipándose vehementemente a las críticas que podría recibir, y recalcando la cantidad de contradicciones que hay en sus posibles críticos. Así hablará de Pascal y su cristianismo racional, de la orden de los jesuitas, del cristianismo Calvinista, etc. Todo con la idea de defender su postura de la vida cristiana como una lucha constante y trágica. Lo que coincide con la época de la España en la que vivió y con el pensamiento de la generación del 98 al que se le adscribe. Ejemplo la novela “La busca” de Pío Baroja.

El libro es recomendable a los que gusten polemizar y pensar sobre la religión y la sociedad. Se lee fácilmente y es considerable la capacidad del autor para “llevarse el gato al agua“. Estamos ante un pensador que no rehuye la batalla. Con un pesimismo siempre discordante.

La cantante calva – El maestro – La lección


De nuevo reseño un libro de Ionesco, compuesto por tres obras de teatro, cada una de ellas de un sólo acto. Todas tienen el mismo componente irónico y sarcástico. Las conversaciones se suceden de la forma más inverosímil posible, lo que será catalogado como “absurdo”. En este sin sentido aparente los personajes se mueven por el escenario como algo habitual y completamente normal. Lo que hace que sean escenas humorísticas y no una representación de locos. Por ejemplo cuando llaman a la puerta y al ir abrir no se encuentra nadie, y al volver a llamar a la puerta la dueña de la casa se niega a ir abrir pues no hay nadie. Lo que genera un debate sobre la imposibilidad de que no haya nadie tras la puerta cuando están llamando. La discusión es tan normal como si no fuese la primera vez que ha ocurrido, como demuestra la primera y sucesivas veces que ocurrirá durante la escena. Lo que provoca en el lector y el espectador la risa. 

Ionesco juega con lo inesperado, con los silencios, con la comunicación entre “sordos” o fallida. Cabe preguntarse si el autor nos quiere hacer pensar sobre la rutina, cuando los errores se repiten hasta pasar desapercibidos, siendo incluso tomados por aciertos. Y sobre todo el autor juega con el público de la obra, con lo que sabe o deja de saber. El maestro por ejemplo es una magnífica forma de representar la expectación, creandosela al espectador, para al final mostrarle engañado, habiéndose dejado llevar “sin cabeza”. La lección es divertida y nos muestra la forma más educativa de destruir a un educando, de sumirlo en una muerte cerebral. 

El libro es corto, se lee en poco tiempo y es recomendable para quienes gusten del teatro moderno, por supuesto del “teatro del absurdo“. Hay que leerlo con intención de divertirse.