Reseña de “El cuento de la criada” de Margaret Atwood

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Hay veces en que un autor no termina de hallar la forma apropiada de cerrar un libro, y esta es una de ellas. Para mi gusto sobraría ese epílogo en el que trata de explicarnos alguno de los flecos que se encuentran a lo largo del relato. Pero no me ha parecido la forma adecuada de hacerlo y, ni siquiera, lo explica todo. El resto de la narración es inquietante, incluso agobiante salvando ciertos detalles que no terminan de encajar en esa sociedad o, incluso, son contradictorios. Si no tratamos de desentrañar el funcionamiento de dicha sociedad, el relato nos envuelve y nos mete en la historia de tal manera que nos sentimos tan agobiados o desesperanzados como la protagonista. Durante su lectura nos asaltan reflexiones de si sería posible que algo así sucediese en la actualidad o en un futuro cercano. Tal vez en una zona aislada como la que la autora trata de mostrarnos, con ese muro que contribuye a la opresión y a la sensación de agobio del relato. Lo más difícil de asimilar es que, en esta época en la que la tecnología nos envuelve, pudiese llegar a desaparecer casi por completo. Y más cuando es la propia dependencia de la tecnología la que facilita el triunfo de esta sociedad, cortando las posibles vías de escape. Nuestra dependencia, por ejemplo, de las tarjetas de crédito en detrimento del papel moneda.

El relato va como a oleadas. Nos presenta una situación y, a través de flashback, nos explica poco a poco algunos detalles de cómo se ha llegado a esa situación y de cómo era la vida de la protagonista antes de convertirse en Defred. No hace falta que nos explique ese cambio de nombre en cuanto nos damos cuenta a lo que ha quedado reducida ella y otras mujeres que están en su misma situación. El irnos dando información como si fueran las aguas que nos trae el mar, acercándose y retirándose, contribuye a esa indefensión y a esa falta de información que vamos dejando atrás con cada oleada de recuerdos.

La historia es muy dura y la forma en que utiliza la primera persona contribuye a esa opresión de la que hablamos. Sentimos que no hay esperanza ni salida, aunque la protagonista vaya ganando “privilegios”. Pero la forma en la que los consigue, sin intentar luchar por ellos, todavía nos sumerge más en la visión fatalista y el destino sin esperanza.

En general, es una estupenda narración que consigue lo que se propone, oprimirnos para hacernos sentir lo que siente la protagonista. Aunque, como he dicho, mi opinión sobre ella decayó bastante al leer el epílogo que creo que desmerece al resto de la novela.

Reseña de “En costas extrañas” de Tim Powers

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No me gusta tener expectativas antes de comenzar una lectura, porque normalmente éstas quedan muy por debajo de la que al final nos parece. Y esta ha sido una de esas veces. Se trataba del primer libro que me ha acercado a Tim Powers, autor de Las Puertas de Anubis que tanto me recomendaban. Pensé que, al tratarse de una historia de piratas y fantasía, era lo más conveniente para asomarme a la literatura de este autor. Pues no lo ha sido. Vuelvo a repetir, como en otras ocasiones, que normalmente mis reseñas están escritas con el corazón más que con la cabeza. Y en este caso el corazón no me ha latido. No he logrado conectar con la historia y, menos, con los personajes, a excepción de Davies y, en algunos momentos, con Barbanegra. El resto ha pasado ante mis ojos sin pena ni gloria, incluso en alguna ocasión deseaba que acabasen con los dos “enamorados”. Por cierto, que su relación también me ha parecido más falsa que un doblón del rey Felipe VI.

Luego demasiada terminología marinera. Si la historia me hubiera parecido interesante hasta lo hubiera agradecido, como me ocurrió leyendo Piratas de Vázquez-Figueroa (libro que aprovecho para recomendaros, al igual que su autor). Pero es que solo tenía ganas de que todo saliera mal y, por fin, acabaran con Shandy y Beth. Y la búsqueda/ persecución larga, muy larga. La historia había empezado bien y prometía mucho, pero se ha desinflado y ha terminado siendo monótona, con algunos momentos en los que daba la impresión de que iba a remontar, para acabar seguidamente con esta esperanza. Y ese previsible final con el héroe resurgiendo del agua con un elemento que le permite vencer, tan en la línea del viaje del héroe.

En resumen, una oportunidad desperdiciada para haber logrado un buen relato de piratas.

Reseña de “El simple arte de matar” de Raymond Chandler

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Cuando empecé a leer “El simple arte de matar” de Raymond Chandler pensaba que iba a ser una especie de manual sobre la escritura del autor y, en principio, lo era porque comienza con un ensayo sobre las novelas de detectives. Pero es una introducción a la colección de relatos cortos que engloba este libro. Podría parecer que el autor nos ha engañado y que no quiere contarnos sobre su labor de creación de este tipo de novelas. Sin embargo, cuando se termina la última página vemos que ha sido mejor que el autor nos mostrase esa técnica en lugar de explicárnosla. Si lo hubiera hecho, tal vez hubiera sido, como lo es, un breve ensayo porque realmente parece muy sencillo escribir una novela de detectives. Sigues a un personaje y vas viendo paso a paso todo lo que ocurre, como si en lugar de leerlo lo estuvieses viendo, como si fuera una película que pasa ante tus ojos. No hay sorpresas inmediatas. Vemos como los personajes preparan sus armas y las utilizan, y el resultado es previsible. Con esto no estoy diciendo que no haya tensión; al contrario. Sabes las posibilidades y las esperas, aunque no sabes cómo serán. Lo único que tienes claro es que serán coherentes, no se sacará nada de la manga. Te dejará pistas suficientes para que tú veas las posibilidades.

Según lo anteriormente dicho, se podría pensar que el estilo de Chandler sería pobre, pero es todo lo contario. Hay imágenes y comparaciones tan ricas como los ojos del color del humo; expresiones que nos hacen esbozar una sonrisa por su lógica y su evocación visual. No tiene que contarnos nada más para imaginarnos la situación. Y los diálogos. Esos diálogos maravillosos que no puedes evitar leer dos y tres veces. Además de los diálogos, lo que más me ha llamado la atención es ese detallismo en las descripciones. Sería fácil reconstruir cada escenario siguiendo las descripciones detalladas y muy expresivas que llegan incluso a hacernos oler el ambiente de una habitación o el perfume de una mujer. Descripciones que te incitan a tomar un mapa y seguir el itinerario de los personajes calle por calle.

Al ser un conjunto de relatos cortos, podríamos pensar que no tienen nada en común y así nos sorprendemos con la aparición de personajes de los que habíamos leído en relatos anteriores, con lo que podríamos considerar la obra como un relato extenso en el cual el hilo conductor no es los personajes o las historias, sino el ambiente e incluso podríamos afinar todavía más diciendo que la protagonista es la ciudad con sus aspectos oscuros y peligrosos, en la que los personajes se mueven y entrecruzan, viven y mueren. Y, sobre todo, interactúan.

Un libro para aquellos que alguna vez disfrutamos viendo a Bogart y Bacal mirándose a los ojos y diciendo esas frases que se nos han quedado grabadas: “No tienes que decir nada ni hacer nada. Sólo silba. ¿Sabes silbar, no? Juntas los labios y soplas”.

Reseña de “El Señor de la Luz” de Roger Zelazny

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Puede que se trate de un gran libro, no lo dudo. Es interesante esa mezcla de ciencia ficción y religión budista, pero no ha conseguido engancharme. Su doctrina demasiado densa, con diálogos excesivamente largos que no te dejan respirar. Personajes con los que no he podido empatizar. Ha habido momentos en los que parecía que sí, que iba a conseguir engancharme a la historia, pero han sido meras ilusiones. El primer capítulo me ha parecido muy espeso y excesivamente descriptivo, pero he conseguido superarlo por esa curiosidad de ver cómo esa religión budista podría convertirse en una novela de ciencia ficción, y he seguido intentándolo hasta el final de la novela. Pero no, he terminado la última frase con un suspiro de alivio. Cuando una novela estás deseando que acabe para pasar a un libro más interesante no es buena señal.

He sentido que surgían ideas esbozadas que podían llevar a una gran historia, pero se han quedado en meros esbozos y en locas ideas para relatos propios.

No dudo de que haya gente que en estos momentos esté pensando que no sé de lo que hablo, pero para eso están los gustos. Y por el sufrimiento que he padecido hasta terminar el libro no puedo recomendároslo. Ahora la elección está en vuestras manos.

Reseña de “Vampiro zero” de David Wellington

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Esta es la tercera entrega de la cruzada de Laura Caxton contra los vampiros. Las dos primeras me parecieron de lo mejorcito que había leído sobre vampiros. Entendámonos, lo que hasta la saga de Crepúsculo todos habíamos creído vampiros, es decir, malos que consideraban a los humanos mero ganado. Las dos entregas anteriores habían mostrado el aprendizaje de la agente de tráfico Laura Caxton en su lucha contra los vampiros bajo la tutela de su “mentor” Jameson Arkeley. Tenía mucha acción y se mantenía la tensión. Teníamos a dos personas de carne y hueso con sus problemas personales y sus contradicciones jugándose la vida por acabar con la plaga de chupasangres. Si no habéis leído estos dos libros y los queréis leer, no sigáis leyendo esta reseña. Si los habéis leído o no pensáis hacerlo, seguiré con lo que me ha parecido esta tercera entrega.

Como decía, el buen sabor de boca que me dejaron estos primeros libros hizo que comenzase el tercero por saber qué había sido de Arkeley. Se prometía como una lucha épica entre el maestro y la alumna. De ahí mi desilusión pasadas varias páginas. Arkeley tendría que haber dejado que Laura fuera pasto de los vampiros y buscarse una alumna aventajada. Por tres veces a lo largo del libro ella misma nos dice que su mentor le había enseñado que era estúpido quedarse encerrada en un lugar con una sola salida cuando luchas con vampiros, y por tres veces la protagonista se mete solita en esa situación. La “experta” en vampiros, Laura Caxton, alumna del reconocido “cazador de vampiros” Arkeley, no muere de casualidad por no seguir las normas básicas que cualquiera de sus lectores, incluso los neófitos en lecturas de asesinos sabemos: no te refugies en un sitio donde la única salida está protegida por el malo. A no ser que seas James Bond o un superhéroe, claro. Y luego su burdo intento de ser la dura de la película. Afortunadamente para ella, Arkeley perdió sus buenas cualidades al convertirse en vampiro. Es curioso que parezca más humano que la propia Laura. A modo de broma comenté mientras leía que ya podía suicidarse el vampiro porque ella no lo iba a matar. Bueno, casi acierto. Y eso de asustarse de no encontrar la salida en la escena final, siendo que ha seguido el camino perseguida por un vampiro enloquecido sin dudar un solo momento y que, ahora que está más calmada, se crea incapaz de volver, no tiene precio.

En resumen, los personajes han perdido ese toque que me atraía en los libros anteriores. Como he dicho, el vampiro Arkeley parece tener más humanidad que la propia humana. La historia no tiene la emoción de sus predecesoras. Parece más de relleno. Y los despistes u olvidos de la experta no pueden justificarse. Situaciones que para el lector un poco reflexivo saltan a la vista, para ella son un trauma y casi recurre a la magia para explicarlos. Atentos al momento en el que le dispara al corazón al antiguo policía y no lo mata, y luego se pregunta el porqué. Pensad un poco en lo que acabo de explicar y seguro que lo descubrís antes que la “experta”.

Es una lástima que se corte así la buena dirección en la que caminaba esta saga que continúa con dos libros más que ya no tengo tantas ganas de leer después de esta desilusión.

“El despertar del leviatán” de James S. A. Corey

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Tal vez os suene o tal vez no, pero si digo que es el libro en el que se basa la primera temporada (y me imagino que de la segunda) de la serie “The Expanse” quizá os suene más. Este es el primero de nueve libros (sí, han salido nueve hasta ahora en inglés). Pero no os asustéis, si el resto es como este primero no importa el número que sean. A no ser que seáis como yo y los prefiráis leer en español y tengamos que esperar a que los traduzcan. Por ahora solo lo está este primero.

Pero, ¿quién es este James S. A. Corey? Pues… nadie, no existe. Es el seudónimo de los escritores y guionistas Daniel Abraham y Ty Franck. El nombre y el apellido lo toman de sus segundos nombres, y S. A. lo toman de las iniciales de la hija de Abraham.

Vamos al libro que es lo que nos interesa en esta sección.

Sé que a algunos amantes del género de la ciencia ficción no les ha gustado esta novela, pero a mí me ha encantado. Tal vez porque es más thriller que una novela de ciencia ficción. Además porque se nota que sus autores son guionistas de cine. La acción está narrada paso a paso y hay mucha. Juegan muy bien con el suspense, a veces casi demasiado para ser una novela. Al final de la misma, nos mantiene expectantes, tal vez, durante un tiempo excesivo, más propio de una película de acción. Para terminar con una escena que nos abre un abanico de posibilidades y que he encontrado muy poética. La temática no tiene mucho de original, pero la forma en que ha sido tratada me ha atraído hasta tal punto que he devorado cada escena. Tal vez para los puristas no aporte nada a los temas tratados en otras tantas historias, pero a mí me ha tenido atenta y no ha decaído mi interés en ningún momento. Quizá sí que lo haya hecho, la verdad, pero la sensación que me ha dejado es la de querer continuar con la saga y que, a pesar de su extensión, no la he encontrado pesada. Eso sí, he tenido la impresión de que algunos de los personajes podrían haber dado más juego. Personajes bastante creíbles, aunque tengan algunas incongruencias o sean excesivamente maniqueos, caso de Holden. Entre todos ellos me quedo con Miller, seguramente porque este tipo de personajes me atraen mucho. Tienen muchas facetas y ese trasfondo atormentado da mucho juego.

En general, me ha parecido muy creíble e interesante, aunque, como he dicho, su temática no sea muy original, pero consigue hacernos pensar en muchas posibilidades, pasadas y futuras. Tal vez no sea el libro preferido para los amantes de la ciencia ficción pura, pero seguro que a los que buscan la acción en las novelas no les va a defraudar.

Reseña de “El destino se llama Clotilde” de Giovannino Guareschi

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Una comedia absurda, pero absurda al modo de nuestro absurdo español que enlaza con el esperpento de Valle-Inclán, sin llegar a ese nivel de maestría. Una obra para pasar el rato con las peripecias  de Clotilde Troll (muy bien puesto ese apellido) y Filimario Dublé. Aunque hacia la mitad de la novela, el autor se incluya a sí mismo como personaje que nos cuenta su vida sin venir a cuento, pensamos. Toda esta parte me pareció sin sentido, aunque al final descubrimos que sí tiene que ver con el hilo principal. Pero la forma de narrarla con coletillas que se repiten al principio y final de cada episodio y personajes que aparecen como por arte de magia no me llegó a convencer. Afortunadamente, se vuelve a retomar la historia principal de Clotilde y Filimario con sus situaciones cómicas y sus personajes excéntricos que debemos aceptar sin analizar demasiado sus incongruencias y disfrutando de sus críticas veladas o manifiestas.

Poco más puedo decir de “El destino se llama Clotilde” del autor que sería más conocido por otro de sus personajes, Don Camilo.

Una novela a la que no debemos buscarle demasiado sentido, solo disfrutar de las situaciones absurdas que nos hacen esbozar una sonrisa y dejar pasar las peripecias en la vida del supuesto narrador y autor que, tal vez, hubiera sido mejor dejar a un lado y ceñirse al hilo principal para que hubiera resultado una novela sin altibajos.

Reseña de “Lejos del mundanal ruido” de Thomas Hardy

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Me ha sorpredido la lectura de “Lejos del mundanal ruido” de Thomas Hardy. No conocía nada del autor y la única referencia que tenía era la de que esta obra se consideraba como la primera novela feminista. No diría tanto porque el personaje femenino, a pesar de ser independiente en un principio, acaba dejándose dominar por uno de los personajes masculinos. Batsheba es de los mejores personajes femeninos que conozco, a la altura de Escarlata O’Hara de “Lo que el viento se llevó”. Una mujer fuerte y a la vez con momentos de debilidad. Su personalidad es compleja y va creciendo conforme vamos leyendo. La forma de narrar me ha recordado a Jane Austen, pero el tono que emplea el autor lo hace más moderno, más actual. En algunos momentos no sabía identificar la época en la que estaba sucediendo la novela.

En un primer momento podría haberse tratado de cualquier novela de Austen, pero Hardy complica la acción hasta tal punto que piensas que nada va a terminar como debería. Tal vez haya momentos en que se pierda el interés, pero luego lo retoma con más fuerza hasta el final. Algunos personajes podrían considerarse prototipos de determinadas conductas, pero ninguno se ajusta de manera perfecta a esos tipos, todos tienen sus luces y sombras. Incluso los personajes secundarios adquieren importancia y podrían ser protagonistas de sus propias novelas. En su mayoría sirven para introducir el humor que tampoco falta en este libro.

En resumen, se trata de un libro muy recomendable que se lee con interés y cuyos personajes son de lo mejor que tiene la obra. Complejos y completos, a los que llegas a odiar y a querer por su humanidad. Thomas Hardy entra en mi lista de autores de los que debo leer más obras suyas.

Reseña de “Escamas” de Rachel Hartman

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He tardado en ponerme a escribir la reseña de “Escamas” porque no tenía muy clara mi opinión. Comencé esta segunda parte con grandes expectativas debido a la sensación que me había dejado “Seraphina” y mi convicción de que Rachel Hartman era una gran escritora de fantasía. No me malinterpretéis; la sigo considerando una de las mejores de esta época. El final del libro es lo que me ha dejado esta sensación de perplejidad y mi indecisión a hablar de él.

La historia se inicia después del fin de la primera parte. Era lógico que comenzase así porque ya nos lo dejó bien claro. A lo largo de la novela he vuelto a disfrutar de los personajes bien definidos y de la coherencia de la autora. Todo iba muy bien hasta el final, cuando la autora parece que tenía ganas de terminar y se ha sacado de la manga un “deus ex machina” (que se podría haber ahorrado) y se ha ventilado el final con cuatro ideas y dos conclusiones, dejándome con una sensación de estafa como si me hubieran robado el final de la historia. Hubiera aceptado que hubiese terminado mal; era una de las opciones, pero ese “pues vaya” que se me ha escapado no ayuda a una novela que se estaba desarrollando muy bien. Echa por tierra todo el trabajo que, hasta ese momento, había realizado la autora. Y me sabe malo porque volvía a considerar esta segunda parte como un libro estupendo, pero ha sido como si a la autora se le fueran las ganas de escribir; como si una mano ajena hubiese tratado de terminar el libro. Y lo peor de todo es que, a pesar de ser un libro estupendo, ese final ha conseguido que no sepa qué decir sobre él. Me gustó cómo resolvió (o medio resolvió) el triángulo amoroso, pero cuando se necesitaba un clímax en la historia para llevarnos hasta el final, simplemente  se desinfló.

Por eso no sé qué decir. Una historia estupenda arruinada por un final soso. Podría decir que se leyese la primera parte y luego se dejase el final de la segunda parte a nuestra imaginación. Quizá sí debería decir eso.

Reseña de “La máquina del tiempo” de H.G. Wells

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Cuando quiero reseñar estos clásicos me encuentro con un problema: o lo he leído adaptado para jóvenes en aquellos clásicos de Bruguera, o he visto alguna adaptación cinematográfica. Y en este caso se trata de lo último, y por partida doble. No he podido dejar a un lado la película de 1960, con lo que toda la lectura la he realizado a través de los ojos de Rod Taylor. Es curioso que, después de tantos años, recuerde más esta versión que la más moderna de 2002, tal vez por la impresión que dejó en mí aquella película cuando era pequeña. Sabía lo que iba a suceder y leía casi precipitadamente para alcanzar el momento en el que se enfrenta a los morlocks, pero no por conocido he dejado de sufrir leyéndolo.

Intentando alejarme de esta visión, vuelvo a retomar lo que ya pensé con Jules Verne: que lo que más me gusta de este tipo de novelas es la capacidad que tienen sus autores para proyectarse hacia el futuro (en este caso literalmente) y tratar de explicar avances tanto tecnológicos como, en este caso, sociales. Wells reflexiona ante el progreso social de su época para buscar posibilidades. Hubiera sido interesante si no hubiera saltado tantos años en el tiempo y hubiera intentado imaginar nuestra sociedad actual, aunque su visión fatalista de hacia dónde llevaba la evolución no creo que nos hubiese dejado bien parados. No parece tener mucha confianza en el género humano, a diferencia de Verne. Tal vez porque este último no tuvo tan en cuenta la sociedad como la tecnología.

Poco más se puede decir de la novela sin caer en temas ya tratados por especialistas. Un libro fácil de leer, sin las especificaciones y digresiones que veíamos en Verne y que, por ello, sentimos más cercano a nuestra propia época a ese personaje del Viajero a través del Tiempo.