Reseña de “Memorias de África” de Isak Dinesen

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Nueva excepción a la máxima de que el libro siempre está mejor que la película.

En un principio me pareció comprender la fama del libro anterior a la película protagonizada por la famosa pareja de Redford y Streep. Bien, pues olvidaos de la sugerente escena de Redford lavando el pelo a Streep. No la encontraréis en el libro.

Volvamos a la letra impresa y olvidemos por un momento la película. En un principio me maravilló la forma de escribir de la autora que encontraba el modo de hacernos casi sentir y oler las tierras de África. Casi notabas el polvo en la boca. La frase que me vino a la cabeza fue que no se trataba de un relato sino de un cúmulo de sensaciones. Era estupendo sentir el libro y, en consecuencia, sentir África. Pero hasta de lo más bueno uno se cansa si es en exceso y creo que fue lo que me sucedió. Pasó a convertirse en algo cotidiano y normal conforme continuaba leyendo. Además, según iba discurriendo el libro, el aparente orden en la sucesión de los episodios y anécdotas (a pesar de los saltos en el tiempo) terminó siendo una suma de anécdotas. Incluso muchos de los asuntos que podrían considerarse importantes eran pasados por alto o simplemente insinuados en favor de las sensaciones que sentía la autora y protagonista del relato. Y la segunda parte del libro ya fue el caos total. En este caso creo que se cumple el dicho de lo bueno si breve… porque hubiera sido una novela que hubiera mantenido mi interés si hubiera concretado y ordenado la historia. Incluso episodios que deberían estar cargados de emoción (perdonad que vuelva a la película) son demasiado contenidos. Parece como si solo África fuera lo importante, pero al final no es lo suficiente para que ella permanezca en aquellas tierras. Incluso el matrimonio con el barón apenas se sugiere y lo conocemos por muy pequeños detalles que da como de pasada.

Así que, como he comenzado, una nueva muestra de que no todos los libros superan a sus películas.

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Reseña de “Estados Unidos de Japón” de Peter Tieryas

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Cuando una portada te promete más de lo que te da.

No es que esperara un libro de los que pervive en tu recuerdo. Solo buscaba entretenimiento dentro de una historia de ciencia ficción. La portada me prometía aventuras, acción; al modo en que me dio una y otra cosa El despertar del leviatán de James S. A. Corey, no esperaba más… ni menos.

Parte de una premisa que ni siquiera es original, como el mismo autor confiesa. Se basa en la idea de El hombre en el castillo de Philip K. Dick. Una ucronía en la que no son los aliados los que ganan la Segunda Guerra Mundial, si no que, en el caso que nos ocupa, es Japón uno de los vencedores. Podría aceptar la falta de originalidad si me hubiera dado lo que me prometía: acción, pero esta está distribuida de forma muy irregular a lo largo del texto. En unos momentos parece que estamos ante una película de acción que nos puede incluso llegar a recordar a Blade Runner o El quinto elemento por la variedad y colorido de sus personajes, pero me ha parecido una acción artificial. Era como si realmente estuviese leyendo el guion de una película y no una novela. Más interesado su autor en describir lo variopinto de su entorno que en encuadrarnos la acción.

Junto a estos momentos de acción o, incluso entre ellos, nos introduce casi monólogos que son más reflexiones y justificaciones de los personajes en voz alta que un diálogo con sus interlocutores. Estos, a veces, son simples excusas para que el personaje nos cuente lo que piensa y por qué actúa así.

Luego están esos personajes que solo aparecen para ayudar a los protagonistas a solucionar un problema para el que no tienen solución por sí mismos. Simples instrumentos que no aportan prácticamente nada más a la acción.

Siguiendo el hilo de los protagonistas, no he conseguido empatizar con ninguno de ellos. No parecen personajes reales; su forma de actuar es muy errática y no convencen totalmente con sus motivaciones. Motivaciones que, varias veces, tienen que explicar a través de esas “conversaciones” de las que he hablado por no quedar claras por su forma de actuar.

Resumiendo, mi crítica termina con la frase que he escrito en primer lugar y que describe muy bien lo que me ha parecido: cuando una portada te promete más de lo que te da.

Reseña “Si los gatos desaparecieran del mundo” de Genki Kawamura

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Una delicia de libro este de Genki Kawamura. Breve, de poquitas páginas, pero que resulta ser un gran libro.

Se comienza con una sonrisa en los labios pensando que va a ser una nadería, de esas que te lees entre libros más sesudos. Y, después, te vas dando cuenta de que no es lo que parece; es un libro profundo al que no le sobra ni le falta nada.

Tenemos a un cartero al que le han diagnosticado una enfermedad terminal. No descubro nada, porque esto lo conocemos ya en la primera página. Dicho así, podría parecer que nos enfrentamos a un drama, pero la forma en la que el protagonista lo encara parece más una farsa que una desgracia. No empatizamos en ese momento con él, simplemente nos resulta incluso divertido pues, al modo de un extraño Fausto, se descubre discutiendo con el diablo sobre un posible trato a cambio de su vida. Nada más fácil de cumplir que deshacerse de algo que considere innecesario… o no.

A través de sus reflexiones para sellar el trato, nos comenzamos a dar cuenta de las cosas innecesarias que nos rodean y que consideramos esenciales. O, por el contrario, otras que ni siquiera repararíamos en ellas, son las que llenan nuestras vidas y las hacen más completas de lo que creeríamos y son por las que lloramos si las perdemos.

Una novelita que nos sumerge cada vez más en la reflexión sobre nuestas vidas y en lo que realmente deberíamos considerar necesario para que fuera una vida plena. Una novela que es como el aire que nos remueve el alma y nos deja un poso de reflexión. No siempre los libros largos son los mejores.

Reseña de “La quinta estación” de N. K. Jemisin

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“Empecemos por el fin del mundo”, así comienza este libro.

Antes de nada puntualicemos: no puedo considerar “La quinta estación” de N. K. Jemisin como ciencia ficción. Vale, podemos encontrar nociones de física, pero eso no la convierte en ciencia ficción. Reconozco que, en determinados momentos, parece insinuar que se trata de una sociedad derivada de la nuestra y que, por circunstancias que no explica, ha llegado hasta allí. Pero, si nos basamos en lo que nos cuenta en este primer libro de la trilogía, no podría considerarla una obra de ciencia ficción. Se trata de una novela de fantasía, muy bien llevada, pero fantasía. No puedo contar mucho sobre  su estructura sin destripar sorpresas, pero, hacedme caso, es una muy buena obra de ficción. No conocía nada de esta autora, pero después de esta lectura ya tengo apuntada su anterior trilogía para leer (El Legado).

La obra que tenemos en las manos ha sido ganadora del Hugo en 2016 y merecidamente. Una estructura narrativa que encaja conforme vamos leyendo. Personajes creíbles y muy humanos, a pesar de que ni ellos mismos se consideran como tales. A veces más humanos que los propiamente llamados así. En seguida conectamos con la protagonista de cada una de las historias que nos va contando, definida tanto por sus acciones como por sus pensamientos, mucho más que por la opinión que tienen de sí mismos. Poco a poco vamos conociendo más de ese mundo del que, en algunos momentos, la autora nos da pinceladas insinuando que es el nuestro en un futuro. Como he dicho, tal vez por esas insinuaciones es por lo que se ha considerado ciencia ficción.

A lo largo del libro nos va explicando muchas cosas y otras las deja en suspenso para, entiendo, posteriores libros, haciendo que deseemos seguir con la trilogía, cosa que no siempre consiguen hacer los autores. Jemisin sí lo logra sin dejar de cerrar la historia que nos estaba narrando. Mantiene la acción en un punto álgido hasta el final y allí lo deja. Esperemos que para recuperarlo en la segunda parte.

Como he dicho, buenos personajes y buena historia dentro de una estructura bien creada que hacen de “La quinta estación” un libro muy recomendable.

Reseña de “Ríos de Londres” de Ben Aaronovitch

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Un libro que empiezas pensando que va a ser un libro de humor y terminas enganchada y leyendo como si se tratara de un thriller. Un personaje que parece más un payaso que un policía londinense, pero en el que descubres a un investigador con instinto. Tal vez no termina todo lo redondo que podrías esperar si lo comparas con el desarrollo de la acción, bien llevada, pero que deja un buen sabor de boca. Magos, dioses, fantasmas son ingredientes en esta historia. Y de fondo las calles londinenses en las que te sumerge la acción, descritas con detalle como si te pasearas o corrieses por ellas.

Algunas críticas lo han comparado con Harry Potter, aunque a mi entender se parece más a Harry Dresden, de Jim Butcher; un mago más adulto y gamberro que el de Howards. Tal vez en esa comparación no salga muy bien parado Peter Grant, porque no puede compararse con el sarcasmo de Dresden, pero se trata de un libro que se lee con rapidez y se disfruta. Divertido e intrigante, ¿qué más pedirle? Cumple con su objetivo de entretener y no aburrir.

Hasta Patrick Rothfuss lo recomienda.

Reseña de “Azul de medianoche” de Simone van der Vlugt

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En un principio me había parecido muy semejante a “La joven de la perla” de Tracy Chevalier, libro y autora que me encantan. Y, aunque el tema de los pintores se trata de manera superficial, fue agradable reencontrar a Vermeer, esta vez en sus inicios.

La ambientación y el marco histórico están muy cuidados, a pesar de que ciertos aspectos del comportamiento de la protagonista no acaben de encuadrarse totalmente en su época. Más parece estar en la nuestra que en la del siglo XVII. Catrijn se mueve y actúa con una libertad que no creo que tuviesen muchas mujeres en aquellos años.

El utilizar la primera persona hace que la autora nos vaya explicando los hechos según la protagonista quiere, con lo que al principio no contamos con todos los datos y vamos descubriendo la verdadera historia conforme discurre el libro. Incluso se puede pensar que nos cuenta lo que ella quiere que pensemos de su forma de guiarse, como si pretendiese que nos pusiésemos de su parte y no la juzgásemos duramente. Porque si pensamos lo que hace fríamente tal vez, en algún momento, no nos pusiésemos de su parte. El resto de los personajes parecen meros medios para conseguir lo que quiere como comenta Jacob en un par de ocasiones. Tal vez este sea el único personaje que ve claramente el trasfondo o tal vez sea impresión mía. Ahí estaría el problema de la primera persona, pues no sabemos si lo que vemos es la verdad o la verdad que ella quiere mostrarnos.

Lo más interesante, a mi entender, es la visión que nos da sobre la vida en aquella época con sus momentos buenos y malos y, sobre todo, el auge de la manufactura de la llamada “porcelana holandesa”. Incluso la autora reconoce que la historia surgió de una propuesta de su editora para que escribiese sobre este asunto.

Reseña de “Balzac y la joven costurera china” de Dai Sijie

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Una historia sencilla y, hasta cierto punto, muy conocida. Pero no es solo la historia de un triángulo amoroso o la de la amistad entre dos jóvenes. Tiene un poso más profundo que, al final de la lectura, no sabes si pretende ser conservador o rebelarse contra la situación en la que se encuentran los protagonistas. Hasta qué punto son egoístas los unos o los otros. ¿Fue adecuado hacer lo que se hizo o deberían haber seguido el mandado oficial? ¿Han triunfado las corrientes liberales o la política gubernamental?

El trasfondo es la China maoísta con una sociedad de enormes diferencias que son vistas a través de los ojos de un chico de ciudad, acostumbrado a las corrientes más europeizantes. Durante toda la narración nos va mostrando ese choque en el que parece decantarse por la innovación frente a la tradición que, en un principio, llega a considerar los progresos tecnológicos poco menos que magia.

Su lectura es rápida y el interés no se pierde en ningún momento. Nos pasamos la novela temiendo por la integridad de los protagonistas. Lo que se agrava con las “visiones” de uno de ellos y ese aire mágico añadido por el cuervo que les vigila. Esperamos que en cualquier momento su ruptura de las reglas les lleve a pagar por ello. Estamos en tensión. Pero el autor también se permite introducir el humor e, incluso, disfruta con la malevolencia de sus personajes, que más parece travesura de niño sometido. Así terminan haciendo pagar al “abusón” que recibe su merecido por hacerles sufrir.

Muy recomendable su lectura que se hace fluida para, con el marco de la China de Mao, contarnos la historia de un Pigmalión que no sale bien.

Reseña de “Civil War” de Stuart Moore

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Una historia solo para los que les guste el universo Marvel. No nos aporta nada si no es recordarnos/darnos a conocer las relaciones entre los superhéroes Marvel.

En algunos momentos estás viendo un cómic con sus diferentes viñetas, sobre todo en los momentos de lucha. Pero, para mi gusto, no se ha conseguido dar el salto del cómic a la novela. Se queda corta y parece como si nos estuviese relatando la historieta. No he leído el cómic, pero seguramente me gustaría más que el libro. Tengo que buscarlo para comparar. Aunque hay cosas que no me cuadran en las acciones de los protagonistas.

Por supuesto, el autor no se puede reprimir de hacer ciertos guiños como la aparición de Stan Lee o la bandera americana de fondo tras las figuras de los héroes.

Al menos he descubierto personajes que no conocía por haberme quedado un poco anclada en las viejas historias leídas hace años.

Sigo recomendando leer el cómic, aunque ni siquiera lo haya hecho yo todavía.

 

Reseña de “El cuento de la criada” de Margaret Atwood

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Hay veces en que un autor no termina de hallar la forma apropiada de cerrar un libro, y esta es una de ellas. Para mi gusto sobraría ese epílogo en el que trata de explicarnos alguno de los flecos que se encuentran a lo largo del relato. Pero no me ha parecido la forma adecuada de hacerlo y, ni siquiera, lo explica todo. El resto de la narración es inquietante, incluso agobiante salvando ciertos detalles que no terminan de encajar en esa sociedad o, incluso, son contradictorios. Si no tratamos de desentrañar el funcionamiento de dicha sociedad, el relato nos envuelve y nos mete en la historia de tal manera que nos sentimos tan agobiados o desesperanzados como la protagonista. Durante su lectura nos asaltan reflexiones de si sería posible que algo así sucediese en la actualidad o en un futuro cercano. Tal vez en una zona aislada como la que la autora trata de mostrarnos, con ese muro que contribuye a la opresión y a la sensación de agobio del relato. Lo más difícil de asimilar es que, en esta época en la que la tecnología nos envuelve, pudiese llegar a desaparecer casi por completo. Y más cuando es la propia dependencia de la tecnología la que facilita el triunfo de esta sociedad, cortando las posibles vías de escape. Nuestra dependencia, por ejemplo, de las tarjetas de crédito en detrimento del papel moneda.

El relato va como a oleadas. Nos presenta una situación y, a través de flashback, nos explica poco a poco algunos detalles de cómo se ha llegado a esa situación y de cómo era la vida de la protagonista antes de convertirse en Defred. No hace falta que nos explique ese cambio de nombre en cuanto nos damos cuenta a lo que ha quedado reducida ella y otras mujeres que están en su misma situación. El irnos dando información como si fueran las aguas que nos trae el mar, acercándose y retirándose, contribuye a esa indefensión y a esa falta de información que vamos dejando atrás con cada oleada de recuerdos.

La historia es muy dura y la forma en que utiliza la primera persona contribuye a esa opresión de la que hablamos. Sentimos que no hay esperanza ni salida, aunque la protagonista vaya ganando “privilegios”. Pero la forma en la que los consigue, sin intentar luchar por ellos, todavía nos sumerge más en la visión fatalista y el destino sin esperanza.

En general, es una estupenda narración que consigue lo que se propone, oprimirnos para hacernos sentir lo que siente la protagonista. Aunque, como he dicho, mi opinión sobre ella decayó bastante al leer el epílogo que creo que desmerece al resto de la novela.

Reseña de “En costas extrañas” de Tim Powers

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No me gusta tener expectativas antes de comenzar una lectura, porque normalmente éstas quedan muy por debajo de la que al final nos parece. Y esta ha sido una de esas veces. Se trataba del primer libro que me ha acercado a Tim Powers, autor de Las Puertas de Anubis que tanto me recomendaban. Pensé que, al tratarse de una historia de piratas y fantasía, era lo más conveniente para asomarme a la literatura de este autor. Pues no lo ha sido. Vuelvo a repetir, como en otras ocasiones, que normalmente mis reseñas están escritas con el corazón más que con la cabeza. Y en este caso el corazón no me ha latido. No he logrado conectar con la historia y, menos, con los personajes, a excepción de Davies y, en algunos momentos, con Barbanegra. El resto ha pasado ante mis ojos sin pena ni gloria, incluso en alguna ocasión deseaba que acabasen con los dos “enamorados”. Por cierto, que su relación también me ha parecido más falsa que un doblón del rey Felipe VI.

Luego demasiada terminología marinera. Si la historia me hubiera parecido interesante hasta lo hubiera agradecido, como me ocurrió leyendo Piratas de Vázquez-Figueroa (libro que aprovecho para recomendaros, al igual que su autor). Pero es que solo tenía ganas de que todo saliera mal y, por fin, acabaran con Shandy y Beth. Y la búsqueda/ persecución larga, muy larga. La historia había empezado bien y prometía mucho, pero se ha desinflado y ha terminado siendo monótona, con algunos momentos en los que daba la impresión de que iba a remontar, para acabar seguidamente con esta esperanza. Y ese previsible final con el héroe resurgiendo del agua con un elemento que le permite vencer, tan en la línea del viaje del héroe.

En resumen, una oportunidad desperdiciada para haber logrado un buen relato de piratas.