La muerte de Sócrates

Romano Guardini analiza los textos de cuatro libros del filósofo Platón que versan sobre la muerte del maestro y también filósofo Sócrates. En estos textos Platón nos muestra a un condenado a muerte que no ha hecho grandes esfuerzos en su juicio para no serlo, dispuesto a no huir e impaciente por demostrarse la verdad filosófica sobre la vida eterna, más allá de la muerte. El teólogo Guardini pone los textos de Platón en cursiva y a posteriori hace su comentario. De esta forma va hilando el discurso. Dibujando a un Sócrates convencido de hacer lo más justo. Pues la justicia es una “Idea” que se integra o pertenece a otra “Idea” superior que es el “Bien”. Platón utiliza estos textos para exponer su teoría filosófica.

La muerte de Sócrates es un libro en el que predominan los diálogos, entre Sócrates y sus amigos o discípulos. Entristecidos por el envenamiento del maestro y su desaparición. En estos diálogos el filósofo les tranquiliza debatiendo sobre la vida más allá de la muerte. Convenciéndoles que su espíritu será libre e irá con los dioses. Guardini en el libro después de indicarnos los peligros de considerar que una idea es absoluta. Nos pone en evidencia la religiosidad que subyace al diálogo de Sócrates. No es que el maestro griego no ponga en duda las creencias mitológicas de los dioses. Pero ya el oráculo le dice que nadie hay más sabio que él. Y cómo él sabe que nada sabe, se debe dedicar a la filosofía aunque le cueste la vida. Esa búsqueda de la verdad, le hace entender la vida eterna del espíritu. Y por ello su muerte es una liberación de las cadenas de lo material y corporeo. 
El libro es recomendable a quienes sientan interés por la filosofía. Por el mundo antiguo griego. Se lee de forma amena, y las mismas ideas se van repitiendo en los distintos textos analizados, para obtener un idea de conjunto al final del libro. Por supuesto el libro tiene mucho contenido para pensar y analizar lo acertado del discurso.

“El despertar del leviatán” de James S. A. Corey

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Tal vez os suene o tal vez no, pero si digo que es el libro en el que se basa la primera temporada (y me imagino que de la segunda) de la serie “The Expanse” quizá os suene más. Este es el primero de nueve libros (sí, han salido nueve hasta ahora en inglés). Pero no os asustéis, si el resto es como este primero no importa el número que sean. A no ser que seáis como yo y los prefiráis leer en español y tengamos que esperar a que los traduzcan. Por ahora solo lo está este primero.

Pero, ¿quién es este James S. A. Corey? Pues… nadie, no existe. Es el seudónimo de los escritores y guionistas Daniel Abraham y Ty Franck. El nombre y el apellido lo toman de sus segundos nombres, y S. A. lo toman de las iniciales de la hija de Abraham.

Vamos al libro que es lo que nos interesa en esta sección.

Sé que a algunos amantes del género de la ciencia ficción no les ha gustado esta novela, pero a mí me ha encantado. Tal vez porque es más thriller que una novela de ciencia ficción. Además porque se nota que sus autores son guionistas de cine. La acción está narrada paso a paso y hay mucha. Juegan muy bien con el suspense, a veces casi demasiado para ser una novela. Al final de la misma, nos mantiene expectantes, tal vez, durante un tiempo excesivo, más propio de una película de acción. Para terminar con una escena que nos abre un abanico de posibilidades y que he encontrado muy poética. La temática no tiene mucho de original, pero la forma en que ha sido tratada me ha atraído hasta tal punto que he devorado cada escena. Tal vez para los puristas no aporte nada a los temas tratados en otras tantas historias, pero a mí me ha tenido atenta y no ha decaído mi interés en ningún momento. Quizá sí que lo haya hecho, la verdad, pero la sensación que me ha dejado es la de querer continuar con la saga y que, a pesar de su extensión, no la he encontrado pesada. Eso sí, he tenido la impresión de que algunos de los personajes podrían haber dado más juego. Personajes bastante creíbles, aunque tengan algunas incongruencias o sean excesivamente maniqueos, caso de Holden. Entre todos ellos me quedo con Miller, seguramente porque este tipo de personajes me atraen mucho. Tienen muchas facetas y ese trasfondo atormentado da mucho juego.

En general, me ha parecido muy creíble e interesante, aunque, como he dicho, su temática no sea muy original, pero consigue hacernos pensar en muchas posibilidades, pasadas y futuras. Tal vez no sea el libro preferido para los amantes de la ciencia ficción pura, pero seguro que a los que buscan la acción en las novelas no les va a defraudar.

Señora Ama // La Malquerida

El libro del premio nobel Jacinto Benavente, consta de dos obras de teatro. La primera es una comedia y la segunda un drama. Ambas situadas en un escenario rural de la España de la época en la que se escriben. Nos encontramos a principios del siglo XX. Decir que el mundo en esa época estaba convulso no nos va a servir para catalogar dichas obras de teatro. El autor es seguidor del “Realismo” y en estas obras dibuja perfectamente la psicología de sus protagonistas. Como siempre en las ediciones de Cátedra, se hace una introducción con comentarios de la evolución del autor, y de las obras que se publican en dicha edición.

En resumen nos encontramos con dos protagonistas femeninas, de fuerte carácter y claras convicciones. Ambas están casadas, y en el pueblo sus matrimonios dan mucho que hablar, por los comportamientos de ambos maridos. Benavente escribe como bien sabe que hablan en los pueblos de principios de siglo XX, y lo que puede parecer difícil de leer nos hace más creíble la trama. En ambas obras de teatro una mujer joven y guapa será determinante para impulsar la narración hasta el desenlace. Hasta aquí todo parece previsible, matrimonio y guapa jovencita que se interpone entre ambos en un pequeño pueblo deseoso de que pase algo extraordinario. Pero les invito a seguir leyendo, mejor dicho a comenzar a leer las obras de teatro.

Benavente, querido por su público, no quiere dejarles indiferentes. Les pone ante los ojos lo que son, sus costumbres y sus valores. Para hacerles reír o llorar. Pero sobre todo para que piensen: “eso mismo podría pasarnos a nosotros”. Pero para el lector de principios del siglo XXI no escribió Benavente. Sin embargo no deja indiferente. En mi opinión las dos obras muestran los grandes cambios acaecidos en el siglo, a pesar de aquellos que opinan que nada cambió. Claro que muchos opinarán que en lo esencial todo sigue igual. Pero ese debate no tiene nada que ver con Benavente.

El libro es recomendable a los que gustan del teatro. A quienes se interesen por conocer España a principios del siglo XX, sabiendo que nos encontramos con ficción pero cercana al realismo. Leer lo que en su tiempo fue un premio nobel.

Historia de la muerte en Occidente: Desde la Edad Media hasta nuestros días

El libro consta de dos partes, la primera un ensayo sobre el verdadero tema del libro: Las actitudes frente a la muerte. La segunda parte es un recopilatorio de publicaciones entre los años 1966 y 1975, en los que aborda con más o menos profundidad el comportamiento de las personas frente a la muerte, la suya y la de los demás.

El autor Philippe Ariès, reconocido historiador francés, basándose en las teorías de otros autores va a plantear su explicación de en qué periodos históricos cambia el comportamiento y el pensamiento sobre la muerte. Desde una muerte que el califica de “salvaje”, previa a la Edad Media, naturalizada, desmitificada y que no genera temor. Llegamos a través de pequeños cambios en momentos concretos de la historia, a la muerte “domesticada”. El autor considera que la muerte de volvió un acto social y comunitario en el que el moribundo era el protagonista principal. El origen del testamento muestra al muerto preocupado por dejar constancia de sus desvelos  por el futuro de sus allegados y su comunidad. Así como la gran participación de personas de la población en el velatorio.

La alta Edad Media, traerá el alejamiento de los cementerios de la ciudad. El temor a las pestes, a las enfermedades contagiadas por el cadáver. El otro hito histórico para la actitud ante la muerte es el Romanticismo del siglo XVIII, momento en el que aparece el temor por la muerte del “otro”, de la persona amada. La exaltación del amor romántico dará lugar a velatorios de gran emotividad. La familia toma mayor importancia que la comunidad, y se ve reflejado en el testamento, que cada vez se circunscribe al reparto de bienes. Los deseos y desvelos ante el futuro se cuentan de forma privada a la familia. 

El siguiente cambio lo va a traer la modernidad y la ciencia. Los avances médicos, conllevan esa pérdida del temor a las posibles enfermedades. Y el protagonismo ante la muerte lo irá adquiriendo la enfermedad y posteriormente el médico. Según el autor después de la primera guerra mundial, siguiendo a otro autor, la exaltación emotiva del Romanticismo desaparece completamente por un tabú. Si antes no se podía hablar del sexo, tabú sexual, ahora no se puede hablar de la muerte. El silencio, en la comunidad y en la familia, se instala para rodear al moribundo. La muerte desaparece medicalizada, y lo importante es que suceda sin afectar emocionalmente. Para el autor los hospitales ayudan a este fenómeno actual, y el modelo norteamericano del “funeral homes“, dejan a un muerto resucitado con el maquillaje y el embalsamiento, del que despedirse rápida y cómodamente. Habiendo conseguido hoy en día domesticar a la muerte.

El libro es recomendable a los interesados en la historia y la sociología. El tema de la muerte es a pesar de la opinión del autor un asunto social. En Europa Occidental, la actitud ante la muerte se ve modificada por la historia de Europa, y los cambios de la actitud ante la muerte cambia la Europa Occidental. Por ejemplo hoy en día, en un mundo global también otras culturas influyen o influirán en nuestros pensamientos y comportamientos frente a la muerte y junto a ella. 

Reseña de “El destino se llama Clotilde” de Giovannino Guareschi

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Una comedia absurda, pero absurda al modo de nuestro absurdo español que enlaza con el esperpento de Valle-Inclán, sin llegar a ese nivel de maestría. Una obra para pasar el rato con las peripecias  de Clotilde Troll (muy bien puesto ese apellido) y Filimario Dublé. Aunque hacia la mitad de la novela, el autor se incluya a sí mismo como personaje que nos cuenta su vida sin venir a cuento, pensamos. Toda esta parte me pareció sin sentido, aunque al final descubrimos que sí tiene que ver con el hilo principal. Pero la forma de narrarla con coletillas que se repiten al principio y final de cada episodio y personajes que aparecen como por arte de magia no me llegó a convencer. Afortunadamente, se vuelve a retomar la historia principal de Clotilde y Filimario con sus situaciones cómicas y sus personajes excéntricos que debemos aceptar sin analizar demasiado sus incongruencias y disfrutando de sus críticas veladas o manifiestas.

Poco más puedo decir de “El destino se llama Clotilde” del autor que sería más conocido por otro de sus personajes, Don Camilo.

Una novela a la que no debemos buscarle demasiado sentido, solo disfrutar de las situaciones absurdas que nos hacen esbozar una sonrisa y dejar pasar las peripecias en la vida del supuesto narrador y autor que, tal vez, hubiera sido mejor dejar a un lado y ceñirse al hilo principal para que hubiera resultado una novela sin altibajos.

Reseña de “Lejos del mundanal ruido” de Thomas Hardy

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Me ha sorpredido la lectura de “Lejos del mundanal ruido” de Thomas Hardy. No conocía nada del autor y la única referencia que tenía era la de que esta obra se consideraba como la primera novela feminista. No diría tanto porque el personaje femenino, a pesar de ser independiente en un principio, acaba dejándose dominar por uno de los personajes masculinos. Batsheba es de los mejores personajes femeninos que conozco, a la altura de Escarlata O’Hara de “Lo que el viento se llevó”. Una mujer fuerte y a la vez con momentos de debilidad. Su personalidad es compleja y va creciendo conforme vamos leyendo. La forma de narrar me ha recordado a Jane Austen, pero el tono que emplea el autor lo hace más moderno, más actual. En algunos momentos no sabía identificar la época en la que estaba sucediendo la novela.

En un primer momento podría haberse tratado de cualquier novela de Austen, pero Hardy complica la acción hasta tal punto que piensas que nada va a terminar como debería. Tal vez haya momentos en que se pierda el interés, pero luego lo retoma con más fuerza hasta el final. Algunos personajes podrían considerarse prototipos de determinadas conductas, pero ninguno se ajusta de manera perfecta a esos tipos, todos tienen sus luces y sombras. Incluso los personajes secundarios adquieren importancia y podrían ser protagonistas de sus propias novelas. En su mayoría sirven para introducir el humor que tampoco falta en este libro.

En resumen, se trata de un libro muy recomendable que se lee con interés y cuyos personajes son de lo mejor que tiene la obra. Complejos y completos, a los que llegas a odiar y a querer por su humanidad. Thomas Hardy entra en mi lista de autores de los que debo leer más obras suyas.

Psicología y adoctrinamiento político

Es un libro de reciente publicación que aborda de forma teórica y desde una perspectiva psicológica el adoctrinamiento. El autor es licenciado en psicología y trabaja en el sector del desarrollo de organizaciones, equipos y personas. En el libro se define “adoctrinamiento” para diferenciarlo del aprendizaje. El primero serían ideas, creencias y valores que el adoctrinador nos hace tener, independientemente de si son verdaderas o falsas, de si nos benefician o nos perjudican. Para el autor, el adoctrinador debe tener muchos recursos y poner mucho esfuerzo, pues adoctrinar es costoso y más si es de forma masificada. 

En el libro se propone un modelo de flujo, de etapas, en el que destaca la primera: el diagnóstico. A partir de la visión de un problema el adoctrinador nos dará la solución. La mayoría del texto se centra en explicar técnicas psicológicas utilizadas por los adoctrinadores, y que son similares a las utilizadas para el aprendizaje. Con lo que adoctrinar y enseñar no parecen diferenciarse. Sin embargo, el autor tomará un giro más social, al hablarnos de la comunicación persuasiva. Será entonces cuando veamos que en realidad habla de adoctrinamiento cuando se refiere a lo político y a lo religioso. 

El libro termina después de proponer formas de contraadoctrinamiento, en incidir que el adoctrinamiento no es malo ni bueno, pero habría que evitar el monopolio adoctrinador, abusivo y el uso velado del mismo, manipulador.

Es un libro recomendable a los aficionados a la teoría psicológica y sociológica. Es de aparente actualidad. Pero en mi humilde opinión no consigue desmarcarse de los fenómenos archiconocidos del “aprendizaje, propaganda y marketing”. Por ejemplo decir que la escuela resulta fundamental para el adoctrinamiento no me parece ninguna novedad. 

El petirrojo (relato original)

-¿Es normal que haga eso?- Preguntó Mike, sin apartar la mirada del petirrojo.

-Por supuesto que no- Respondió Demis, desdeñando la pregunta de su cliente, como si ésta la hubiera formulado un niño que solo piensa en enumerar “porqués” sin importarle la lógica de las respuestas– ¿Cuándo empezó a hacerlo?

-Esta mañana, me di cuenta al llegar de trabajar.

 -Qué raro- musitó imperceptiblemente.

El petirrojo acababa de posar el alambre de sus patas en el balancín que colgaba del techo de la pajarera metálica. Era pequeño, rollizo; el busto anaranjado hinchado como una borra de algodón escondía el diminuto cuello, resaltando aún más su simpática redondez: un ejemplar sano de petirrojo europeo. O eso le parecía a Demis a simple vista.

Entonces, con esa velocidad espasmódica que tienen los pájaros a la hora de analizar el lugar en que se encuentran, el petirrojo, mirando aquí y allá, cantó sobre su  balancín. No era un trino agradable, había que hacer muchas concesiones para considerar siquiera a ese chirrido agitado como un canto; más bien parecía un grito afónico, como amortiguado por aceite de motor y arandelas oxidadas.

Continúo su interpretación ignorando por completo al jurado durante unos minutos. Demis lo analizaba concienzudamente, observando cada movimiento del pico y cada sonido. Aun no veía el problema, no podía condenar al pájaro solo por su nulo talento musical:

-¿Nada más?- Había cierto reproche en la pregunta.

-Espere y verá.

Y, en efecto, una nueva anomalía se dibujaba en el comportamiento del animal; un nuevo matiz había aparecido en el canto, un bucle, una congelación espontanea. El pequeño pajarillo había encontrado, de entro todo su repertorio de estridencias y disonancias, sus notas favoritas, y daba la impresión de no tener intención de cambiarlas. Sin embargo, no quiso dejarlo ahí, también decidió añadir a su actuación un componente más físico. El cuello del animal comenzó a retorcerse sobre sí mismo, atascado en la misma parálisis que sufría su canto, recordando a aquella antigua película de terror.

-¿Lo ve? Da muy mal rollo. Así no hay forma de descansar.

Demis abrió su bolsa y empezó a sacar herramientas, objetos y papeles. Sin decir nada, abrió la jaula y sacó al petirrojo, que aún seguía debatiéndose contra sí mismo en su mano, sin detener canto y convulsiones. Lo observo detenidamente, prestando especial interés por los ojos color avellana y el pico menudo, abierto en una mueca atascada por los chirridos.

El pájaro no se resistía, se dejaba manipular: estaba congelado en el tiempo. Le dio la vuelta para observar el vientre grisáceo; soplo varias veces sobre la zona para levantar las plumas, quedando al descubierto un diminuto panel metálico. Con ayuda de un aún más diminuto destornillador retiró con cuidado la carcasa y comenzó a tantear el esqueleto artificial de cables, arandelas, tuercas, transmisores, mecanismos, chips y microchips.

Tras cinco minutos de metódico trabajo de ingeniería en miniatura, volvió a ajustar el panel y extendió la mano: el petirrojo se alejó rápidamente hacia la comodidad de su jaula con un sordo batir de alas, y sus trinos ahora sonaban alegres, melódicos, variados. Y naturales.

-Ya está –dijo satisfecho el mecánico, mientras guardaba sus herramientas- el cable de la siringe se había atascado en el mecanismo locomotriz de la cabeza. Un fallo habitual en estos modelos, y me extraña que no se den con más frecuencia ¿Sabe cuánto cuesta hacer que uno de estos resulte convincente usando solo fotos y animales disecados?

-No me hago ni la menor idea- Y así lo reflejaba su sonrisa boba.

Murnau (Julio Bernad Cobo)

Enlace original aquí

La madre del capitán Shigemoto

Corta novela, narrada en tercera persona, con una aparente protagonista: la madre del capitán Shigemoto. Pero en realidad es el personaje sobre el que gira la historia. El autor Tanizaki, basándose en una antigua historia de la cultura japonesa, siglo X, escribe el relato como si un viejo estuviera recordando los acontecimientos, y además fuese un experto en los poemas y el conocimiento de esa antigua época. Se puede decir, que la protagonista es la Antigua Japón. El libro fue publicado en 1949, y  en él se respira incienso, cerezos en flor, monjes, capitanes, emperadores, budismo y sobre todo estrictas normas sociales. 

El estilo del autor consiste en centrarse en los detalles, descripciones psicológicas y emotivas, dosis de humor muy moderno y todo ello concentrado en pequeños capítulos. La narración son 11 capítulos. Y cada uno aporta su grano de arena, para entender el final de la novela, que es abierto.

¿Qué interés puede tener saber la vida de la madre del capitán Shigemoto? Aparte del mero cotilleo, lo interesante es ver la importancia de la belleza, de la posición social, del sake, del amor, del sexo y del budismo en la Japón clásica. Evidentemente el papel de la mujer y por lo tanto de la madre del capitán Shigemoto dista mucho del papel de la mujer nipona de hoy en día. En la novela la madre es sumisa y obediente a los designios del marido y en general de los hombres. Pero el autor introduce a un personaje femenino irreverente y cruel, para diversión del lector moderno.

Por lo tanto recomendable a quienes se quieran acercar a conocer la cultura japonesa. Su literatura. Y a quienes les guste cotillear sobre asuntos amorosos. Y que tire la primera piedra aquél que no ha cotilleado sobre asuntos amorosos.

Reseña de “Escamas” de Rachel Hartman

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He tardado en ponerme a escribir la reseña de “Escamas” porque no tenía muy clara mi opinión. Comencé esta segunda parte con grandes expectativas debido a la sensación que me había dejado “Seraphina” y mi convicción de que Rachel Hartman era una gran escritora de fantasía. No me malinterpretéis; la sigo considerando una de las mejores de esta época. El final del libro es lo que me ha dejado esta sensación de perplejidad y mi indecisión a hablar de él.

La historia se inicia después del fin de la primera parte. Era lógico que comenzase así porque ya nos lo dejó bien claro. A lo largo de la novela he vuelto a disfrutar de los personajes bien definidos y de la coherencia de la autora. Todo iba muy bien hasta el final, cuando la autora parece que tenía ganas de terminar y se ha sacado de la manga un “deus ex machina” (que se podría haber ahorrado) y se ha ventilado el final con cuatro ideas y dos conclusiones, dejándome con una sensación de estafa como si me hubieran robado el final de la historia. Hubiera aceptado que hubiese terminado mal; era una de las opciones, pero ese “pues vaya” que se me ha escapado no ayuda a una novela que se estaba desarrollando muy bien. Echa por tierra todo el trabajo que, hasta ese momento, había realizado la autora. Y me sabe malo porque volvía a considerar esta segunda parte como un libro estupendo, pero ha sido como si a la autora se le fueran las ganas de escribir; como si una mano ajena hubiese tratado de terminar el libro. Y lo peor de todo es que, a pesar de ser un libro estupendo, ese final ha conseguido que no sepa qué decir sobre él. Me gustó cómo resolvió (o medio resolvió) el triángulo amoroso, pero cuando se necesitaba un clímax en la historia para llevarnos hasta el final, simplemente  se desinfló.

Por eso no sé qué decir. Una historia estupenda arruinada por un final soso. Podría decir que se leyese la primera parte y luego se dejase el final de la segunda parte a nuestra imaginación. Quizá sí debería decir eso.